Moáis de la Isla de Pascua

Los moáis son las famosas estatuas de piedra características de la Isla de Pascua. Se trata de esculturas monolíticas o labradas sobre un único bloque de piedra. Cada moái representa, según las teorías más aceptadas, a un antepasado difunto. De hecho, en el idioma rapanui los moái se conocen como Moai Aringa Ora, literalmente «el rostro vivo de nuestros ancestros». Estas esculturas trataban de conservar la energía de los difuntos, el maná, para proteger a la tribu y cuidar sus cultivos y animales.

A día de hoy se conservan más de 900 moáis y no hay dos iguales. La altura media de estos monumentos es de unos 4,5 metros,  siendo el mayor de unos 10 metros. Por su parte, el peso medio era de 5 toneladas, aunque algunos moáis sobrepasan las 10 toneladas. ¿Cómo hicieron los rapanui para labrar y trasladar estas estatuas con su tecnología? Eso es algo que intentaremos explicar en este artículo.

Moáis Isla de Pascua

Partes de un moái

Cuerpo

Normalmente, un moái consta de una cabeza y un tronco. El abdomen está abultado para que el centro de gravedad de la escultura esté más abajo y el moái mantuviera el equilibro. Las manos están talladas sosteniendo el vientre, con unos dedos muy largos, y los genitales están cubiertos por un taparrabos.

Ojos

Un aspecto que llama la atención es que algunos moáis tenían ojos, sobre todo aquéllos que se erigieron sobre los Ahu. Están construidos en coral blanco, con pupilas fabricadas a partir de piedras volcánicas de diversos colores (normalmente, escoria roja y la negra obsidiana).

Moái con ojos

Pukao

Muchos de ellos cuentan con pukao, los famosos sombreros rojos. Estaban fabricados en escoria roja y algunos llegan a alcanzar los dos metros de altura. Los pukao tienen una forma cilíndrica con una abertura para encajar la cabeza del moái.

Aunque no hay unanimidad sobre lo que representan, algunos historiadores explican que se trataba del cabello recogido. Otros apuestan por tocados ceremoniales.

Se han contado 58 moáis con pukao. En la base del volcán Puna Pau se halla la cantera de escoria roja con la que fabricaban los pukao. Actualmente pueden verse 31 pukao abandonados en este punto.

Ahu

Los moái se plantaban sobre unas plataformas denominadas Ahu. Los rostros siempre miran hacia el interior de la isla, como protegiendo a los nativos. Sólo hay ocho excepciones a esto: los siete moáis del Ahu Akivi, que miran hacia el mar, y uno en el Ahu Huri A Urenga que señala el solsticio de invierno.

Cronología de los moáis

Una de las primeras cosas que nos podemos preguntar al ver un moái es: ¿cuánto tiempo lleva ahí plantado? La Isla de Pascua empezó a ser habitada a partir del siglo V por pobladores polinesios. Éstos trajeron el arte de esculpir la piedra, llevándolo a su máximo exponente. Se han encontrado algunos monumentos similares a los moái en algunas aldeas de las Islas Marquesas y Tahití.

Los primeros moáis

El más antiguo es el moái Tukuturim datado en el siglo VI. Fue descubierto por el etnógrafo Thor Heyerdahl en 1955. Esta figura es muy curiosa por dos motivos. En primer lugar, porque se trata de un personaje femenino, algo no muy habitual; en segundo lugar, porque se encuentra en una posición arrodillada, con las manos en el regazo y la cabeza mirando hacia el cielo. Es decir, como si estuviera rezando. No hay ningún otro moái parecido a éste, que tiene piernas, lo que nos hace pensar que los artistas fueron simplificando el diseño y acentuando los rasgos faciales con el paso del tiempo.

En una primera época, los moáis eran tallados en tres tipos de piedras volcánicas: la escoria roja (de color rojo), el basalto (de color negro-verde) y la traquita (de color gris). Al tratarse la Isla de Pascua de una región volcánica, estos materiales se encontraban por todas partes. Muchos de los moáis de esta época son pequeños, de unos dos metros de altura, con cabezas anchas y orejas cortas.

Moáis turistas

El descubrimiento de la toba

Más adelante se optó por utilizar toba lapilli, una piedra que sólo se encontraba en el volcán Rano Raraku. Presenta el característico color marrón amarillento de la mayoría de moáis, y es más blanda y maleable que las otras piedras volcánicas. Si bien el uso de la toba facilitó la fabricación de esculturas, el transporte desde la cantera supuso un desafío que aun hoy nos deja boquiabiertos.

Ésta es la época de mayor producción de moáis. Podemos comprobarlo observando las estadísticas de los materiales utilizados:

  • 800 moáis tallados en toba lapilli
  • 22 en traquita blanca
  • 18 en escoria roja
  • 10 en basalto

Las esculturas ganaron en tamaño, alargando sus rasgos faciales: una nariz larga y voluminosa, unas orejas muy largas, una boca pequeña y fina, un mentón muy pronunciado… También adquirieron más detalles y adornos.

Con el paso de los siglos, la población rapanui atravesó un período de enfrentamientos y competencia entre las distintas tribus. Esta rivalidad tuvo su eco también en los moáis, cada vez más grandes y pesados. Así, hasta llegar al mastodóntico Moái Rano Raraku de 10 metros y 270 toneladas, que quedó inacabado en la cantera del volcán.

El fin de la construcción de moáis

Se cree que una consecuencia de las guerras entre las tribus fue el derribo y la desfiguración de moáis. Por ejemplo, la retirada de los ojos en los moáis de los clanes rivales para impedir que sus ancestros los protegieran. Estos ojos probablemente fueron arrojados al mar, ya que sólo se ha encontrado un ojo de moái en toda la Isla de Pascua.

Hacia el siglo XV, la producción de moáis cesó de repente. Numerosos moáis quedaron abandonados en la cantera de Rano Raraku. Para cuando llegaron los primeros europeos en el siglo XVII, la mayoría de esculturas estaban derribadas.

Fabricación y transporte

¿Cómo hicieron los moáis?

Con una tecnología de la Edad de Piedra, completamente monolítica, los rapanui fueron capaces de tallar y trasladar gigantescas estatuas a kilómetros de distancia. Las herramientas para tallar los moáis no eran sino piedras afiladas de basalto y obsidiana, más duras que la toba lapilli.

Se estima que varios escultores trabajaban en cada moái durante meses. En los monumentos más grandes, se calcula hasta dos años de trabajo. Primero se labraba el moái acostado, bocarriba. Una vez se terminaba de esculpir el rostro y la parte frontal del cuerpo, era el momento de sacarlo de su nicho en la cantera.

Se tallaba la parte trasera dejando una pequeña franja, similar a la quilla de un barco. Entonces se colocaba un lecho de piedras que habían sobrado de la obra sobre la ladera de la cantera. Al taladrar el último fragmento que unía la escultura al suelo, el moái quedaba suelto y rodaba por la ladera.

Entonces se levantaba y se semienterraba de pie para tallar el dorso de la estatua. Una vez terminada la obra quedaba lo más difícil: trasladarla hasta su Ahu de destino.

Moáis al amanecer

¿Cómo se transportaba un moái?

Los rapanui no tenían caballos ni habían inventado la rueda, así que durante siglos tuvieron que recurrir a su propia fuerza para mover estas moles de piedra. La gran mayoría de estos monumentos de rostro humano se tallaban en la cantera del volcán Rano Raraku. Posteriormente se trasladaban a los distintos ahu, muchas veces ubicados en la costa.

Existían tres carreteras excavadas en el lecho de la roca que circundan la Isla de Pascua. Se trataba de caminos anchos, de unos 3,5 metros de media, que en ocasiones estaban flanqueados por líneas de piedras.

Existen dos teorías sobre cómo los pascuenses transportaban los moáis:

  • Los trineos. Esta hipótesis, más antigua pero hoy menos aceptada, explica que los rapanui cargaban los moáis sobre unos trineos. A continuación, utilizaban troncos de los árboles para desplazar los trineos. Esto explicaría por qué se produjo una deforestación tan acusada en la isla.
  • Los «moáis que andaban». La tradición oral rapanui recita que estas esculturas caminaban por la isla. En 1982, el ingeniero checo Pavel Pavel demostró que se trasladar un moái erguido arrastrando alternativamente desde dos puntos. Esto explicaría por qué se han encontrado muchos moáis boca abajo a lo largo de los caminos que se utilizaban para transportar las esculturas. Esta teoría ha ganado partidarios en los últimos años.

Pero todavía hay muchos misterios que no han sido desvelados. Por ejemplo, en algunos tramos que iban cuesta arriba se han encontrado agujeros en forma de V. ¿Utilizaban los antiguos rapanui algún tipo de mecanismo para salvar los desniveles? Nada se sabe al respecto.

Una vez se erigían en el ahu de destino, se realizaba una ceremonia para colocarles los ojos. Los ojos permitían que los difuntos ancestros se reencarnaran en los moái y protegieran a su tribu canalizando el maná. Es esta finalidad protectora por la que las esculturas miran hacia el interior, de espaldas al mar.

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